
Ficción / Argentina / 2025 / 94 min / Juan Cabral
El pasado jueves 2 de abril, en el complejo Paseo Alcorta, se llevó a cabo la proyección exclusiva de “Risa y la cabina del viento”, seguida de una conferencia de prensa en la que participaron sus protagonistas, Cazzu, Diego Peretti y Elena Romero, junto al director Juan Cabral y Flora, CEO de la productora Industria del Milagro.
Antes de su estreno comercial el 16 de abril, el largometraje ya cuenta con un notable recorrido internacional: fue galardonado como Mejor Película Joven en el Stockholm International Film Festival Junior (Suecia), obtuvo los premios a Mejor Película y Mejor Director en el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata y recibió el premio del público en el 4° Festival La Fiesta del Cine en Francia.
Un animé patagónico
La trama comienza alternando la imagen de una niña con la de una vieja cabina telefónica fuera de servicio, único vestigio sobreviviente de un incendio voraz que devastó al pueblo. Pese a no estar conectada a ninguna red, los habitantes la utilizan para “hablar” con los seres queridos que el fuego se llevó.
A través de esta premisa, el director nos sumerge de forma vertiginosa en un universo donde realidad y fantasía convergen para explorar una pulsión humana inagotable: la necesidad de conectar con aquello que hemos perdido. La emoción y el duelo atraviesan cada fibra del relato.
La narrativa oscila entre la cotidianeidad y lo onírico, logrando una síntesis de realismo mágico y actualidad patagónica, donde el viento es parte fundamental del paisaje.
Cabral reconoce la influencia de la literatura de Haruki Murakami en ese tono melancólico y enigmático que busca descifrar la frontera entre la vida y la muerte. “Se abre una puerta y te vas a otro lado”, define el cineasta.
Aunque la obra reúna todos los elementos del realismo mágico, el director prefiere definirla como una suerte de animé patagónico. “Creo que ya vivimos en un lugar muy mágico. Para nosotros esa magia es real y abordamos la historia desde ese ahí”, concluye.
La inspiración del teléfono del viento
Cabral cuenta que el origen del film nació al cruzarse con una historia real y un mediometraje que lo inspiraron para la realización de Risa y la cabina del viento: “Con esto puede construirse algo potente”, aventuró.
La historia en cuestión es la de Itaru Sasaki, quien en 2010, tras la muerte de su primo, instaló una cabina telefónica en su jardín para seguir comunicándose con él.
Declaró: “quería que mis pensamientos los llevara el viento”.
Tras el devastador tsunami de Tōhoku en 2011 —que se cobró más de 15.000 vidas—, Sasaki decidió abrir su teléfono del viento al público para que otros pudieran “llamar” a sus seres queridos. Desde entonces, más de 30.000 personas han pasado por allí. El concepto se ha replicado globalmente, con cientos de cabinas en EE.UU. y otros países.
Sobre este cimiento se edificaron las realidades emocionales de los personajes del film.
En la historia, los pobladores se encuentran detenidos, anclados en una pérdida que no les permite avanzar. El escenario es una Ushuaia imponente que se erige como un personaje más.
En este contexto, Risa es quien logra oír el inesperado repique proveniente de la cabina. Junto a Esteban, el personaje de Diego Peretti, asumen el rol de facilitadores de los mensajes del “más allá”, intercediendo en duelos metafísicos que terminan por transformarlo todo: “los vivos y los muertos están en el mismo lugar, hay que mover”, dijo Cabral sobre la trama.
El debut de Cazzu y un elenco poderoso
Esa especie de conexión entre dos mundos que caracteriza la trama del film parece haber alcanzado al casting. La convocatoria actoral logró una amalgama singular: por un lado, figuras de trayectoria consagrada como Diego Peretti, Graciela Borges, Joaquín Furriel, Gustavo Garzón, Silvina Sabater yFabián Casas;
el otro, la sorpresiva incorporación de Cazzu en el papel de la madre de Risa.
“Juan estaba convencido que Sara habitaba dentro mío”, revela la artista sobre su debut cinematográfico. “No sabía cómo iba a quedar, pero me dije vamos a intentarlo. Tenía muchas ganas de ponerle el cuerpo a Sara, una mamá joven, roquera, no tradicional. También pensé, si a Diego le gusta, es porque está bueno”.
El director destaca el rol de Esteban, el ogro deprimido personificado por Diego Peretti. Según Cabral, la tranquilidad y experiencia del actor fueron fundamentales para destrabar escenas complejas. Peretti, por su parte, resume la mística del rodaje con sencillez: “Cada uno puso su propia poética”.
Mención aparte merece la pequeña Elena, de 10 años, quien debuta en un protagónico sumamente exigente. Pese a las rigurosas condiciones climáticas de la filmación en el sur, que en algún momento hicieron dudar de su resistencia, la niña llevó adelante su papel en absoluta armonía con el resto del elenco. Para Flora, productora de Industria del Milagro, la clave del éxito radicó precisamente en eso: en el compromiso de un equipo que ama profundamente lo que hace.
Mi agradecimiento a Silvana Waisberg, responsable de prensa, por la invitación.
Realicé la cobertura de este film para Sentido Crítico, de Miguel Calabria.
Lic. Rosana Alvarez Mullner

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