Capitalismo contra Natura

Hoy por hoy, el mundo occidental está gobernado por un sistema económico que pasó de proporcionar un cierto bienestar en las sociedades, a mantener a las personas en una insatisfacción constante.  

La salida al mercado del último gadget, sea un IPhone, la PlayStation o alguna prenda de tendencia, podría generar, en algunos lugares, filas interminables para poseer ese objeto antes que nadie. Estas necesidadesse sustentan en un discurso que estructura la forma en que los individuos se relacionan entre sí y con su propio deseo. Por eso, el capitalismo no es solo un sistema económico. De hecho, el discurso capitalistanutre la idea de un consumo infinito y la ilusión de que no hay imposibles. Pero, para cada nueva necesidad impulsada por el mercado aparece, casi de inmediato, una nueva falta.

Por otra parte, habitar el mundo de esta manera elimina imaginariamente las consecuencias que sufre nuestro entorno, cada vez más dañado. Ya no caben dudas que los mecanismos específicos de las sociedades capitalistas nos empujan hacia paisajes apocalípticos a pasos acelerados. Algunas veces los perjuicios son clamorosos y en otras, se producen en silencio.  

La Naturaleza en la mira

El capitalismo, basado en la premisa del crecimiento económico ilimitado en un planeta con recursos finitos, ha generado consecuencias profundas y, en muchos casos, irreversibles para la naturaleza. La lógica de maximizar ganancias al menor costo posible ha desplazado la sostenibilidad, promoviendo la explotación intensiva, sin tener en cuenta las características y el cuidado de la naturaleza.

Bajo esta perspectiva se extraen minerales, madera o se consume agua a un ritmo que supera la capacidad de regeneración de la Tierra. La naturaleza está en la mira como algo a depredar. Revertir esta tendencia constituye la única vía de salvación, la condición imprescindible para su preservación y nuestra supervivencia.

Si prestamos atención al significado de las palabras -que es lo que nos hace humanos- la etimología del término naturaleza remite a lo originario. Proviene del latín natūra, que significa “nacer”. Es lo que existe, surge y se desarrolla por sí mismo sin la intervención humana, como las montañas, las plantas y los animales. Es origen y esencia.

Reservar

Hace un tiempo, en el 2019, un político brasileño se refirió a las reservas de los pueblos originarios del Amazonas diciendo: “es mucha tierra para tan poco indígena” y supuso intereses oscuros detrás de las entidades ambientalistas que advertían de cuál podría ser el  destino del planeta, en caso de no cuidarlo.

Hace pocas semanas se viralizaron imágenes satelitales que muestran el retroceso de la selva y las diversas lesiones de la tierra en América del sur. En menos de una década estas imágenes, comparadas con otras anteriores, expusieron la rapidez del deterioro. La actividad con mercurio de las mineras contamina ríos, desplaza animales y destruye ecosistemas completos.

La tierra que se ve desde el satélite tiene heridas gigantes. Zonas enteras de la Amazonia  fueron devoradas por el fuego. La minería del oro en Perú, la del litio en Bolivia; la tala indiscriminada en Brasil y en el Chaco profundo; el derrame de petróleo que la prensa argentina dio en llamar  “el Chernóbil salteño”; los peces muertos por sustancias tóxicas en el Dique Cuesta del Viento, en la provincia de San Juan son algunos pocos ejemplos de ecosistemas completos que están al límite de su devastación.

Los científicos advierten. Las comunidades denuncian enfermedades. La naturaleza colapsa. Las autoridades no intervienen. Desde el espacio se ven estas cicatrices enormes de tierra muerta.  

¿Cómo detener el devenir actual antes de perder lo que se regenera, lo que crece por sí mismo sin intervención del hombre, lo que respira; en definitiva, la natura?  

Otra vez desde el satélite

Los científicos también notaron en estas imágenes que se entreveían manchas verdes acá y allá. Estas zonas coinciden, en gran medida, con los territorios habitados o gestionados por pueblos originarios.

En la Amazonía, la foresta aparece conservada dentro de estos perímetros y algo similar ocurre en el Gran Chaco, en Canadá, en la cuenca del Congo y en Nueva Guinea.

Organismos científicos y ambientales demostraron que las comarcas indígenas albergan aproximadamente el 80% de la biodiversidad mundial, aunque ocupen menos del 25% de la superficie terrestre.

El número es 196

Son 196 los grupos indígenas que no tienen contacto con Occidente. Se trata de pueblos que viven en zonas remotas de América del Sur (especialmente en el Amazonas), en Asia y en el Pacífico.

Ellos eligen el aislamiento para protegerse de la violencia y la invasión de sus territorios. Por otra parte, no son inmunes a nuestras enfermedades. Un brote de sarampión, por ejemplo, podría tener consecuencias devastadoras para ellos.

Algunas Organizaciones respaldan el derecho de estos pueblos a permanecer aislados y tratan de concientizar a los gobiernos con la intención de proteger sus territorios y evitar su extinción. 

En realidad, resguardar a los pueblos originarios no es solo una cuestión de derechos humanos, sino una de las estrategias más efectivas para enfrentar la crisis climática y ecológica.

Pero ¿por qué?

Los pueblos originarios tienen una cosmovisión con un eje muy distinto al pensamiento clásico de occidente. Para ellos, la naturaleza no es un recurso a explotar, sino un ser vivo del cual forman parte.

 En una época donde las consecuencias del consumo nos está ganando la pulseada, las comunidades indígenas evolucionaron en héroes anónimos de la conservación.

Si por ejemplo tomamos el fotoperiodismo como una de las actividades humanas que mira al otro y a su entorno, las personas son el paisaje de las ciudades. Un paisaje urbano que cuenta historias.

En el caso de los pueblos originarios, los lazos dinámicos que mantienen con la tierra aseguran la existencia de otro tipo de paisaje al entrelazarse con aquello que debe ser preservado. Son Uno con el territorio que habitan.

En algunos de mis viajes conocí a comunidades originarias de Santiago del Estero y Misiones. Para ellos, la Tierra es Madre, entidad sagrada y proveedora de vida que da alimento, agua y hogar, exigiéndoles a cambio respeto y permiso para su uso.

Lo poético de cuidar la Tierra

El sistema capitalista sitúa en el centro de su dinámica la relación individuo-objeto (de consumo) y orienta a los sujetos hacia la búsqueda de una satisfacción privada, concebida como individual, que transforma profundamente la experiencia humana. En el proceso, se debilita el vínculo con el otro. La trama social que sostiene la vida en común pasa a ser frágil y vulnerable.

En este cruce de relaciones fallidas y recursos en vías de extinción existe un activo vital que debe ser restaurado.

Aunque la cosmogonía de los pueblos originarios resulte en algunos puntos lejana al pensamiento occidental, su concepción de la naturaleza, no como objeto, sino como un organismo que late y los alberga, podría ayudarnos a pensar una ética ambiental indispensable para defender la vida.  

 

Su poética habla de una tierra que no es suelo, sino vientre arcaico, donde el agua recuerda nuestros nombres y el viento guarda consejos antiguos. Los árboles sostienen el cielo para que no caiga sobre nuestros olvidos.

Dicen que no somos los dueños del camino, sino huella pasajera. La tierra nos sueña
mucho antes que aprendamos a nombrarla.

Cada piedra sabe una historia y cada semilla es una promesa. Quien camina con respeto
no pisa la tierra, la saluda.

Lic. Rosana Alvarez Mullner